El FAL y el nacimiento de un nuevo inversor institucional argentino

La discusión alrededor del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) se concentró, lógicamente, en su impacto sobre las relaciones laborales y en la forma en que las empresas podrán afrontar determinadas obligaciones derivadas de la finalización de una relación de trabajo.Pero existe otra consecuencia, meno

La discusión alrededor del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) se concentró, lógicamente, en su impacto sobre las relaciones laborales y en la forma en que las empresas podrán afrontar determinadas obligaciones derivadas de la finalización de una relación de trabajo.
Pero existe otra consecuencia, menos comentada y potencialmente muy relevante: la Argentina está creando una nueva fuente permanente de ahorro institucional de largo plazo.
La reglamentación de los Productos de Inversión Colectiva para los FAL por parte de la Comisión Nacional de Valores termina de darle forma al sistema. Y el último jueves, ARCA reguló la operatoria concreta de las contribuciones y su derivación hacia los vehículos de inversión.
La Resolución General 5.907, publicada el 1° de octubre en el Boletín Oficial, establece que el sistema comenzará a operar con las remuneraciones devengadas a partir de noviembre de 2026. Las contribuciones se determinarán automáticamente dentro del F.931 y serán derivadas por ARCA hacia el vehículo de inversión colectiva correspondiente a cada empleador.
La Ley de Modernización Laboral estableció que los empleadores privados deberán realizar una contribución mensual equivalente al 1% de las remuneraciones computables en el caso de las grandes empresas y del 2,5% para las micro, pequeñas y medianas empresas.
Esos recursos no ingresan al patrimonio general del Estado ni quedan disponibles para otros fines: conforman patrimonios separados, con afectación específica, destinados a asistir al empleador frente a determinadas obligaciones laborales.
La Ley de Modernización Laboral estableció que los empleadores privados deberán realizar una contribución mensual equivalente al 1% de las remuneraciones computables en el caso de las grandes empresas y del 2,5% para las micro, pequeñas y medianas empresas
El universo sobre el cual comienza a funcionar este mecanismo es enorme. Según los últimos datos oficiales disponibles, la Argentina tiene alrededor de 6,1 millones de asalariados registrados en el sector privado.
Estamos hablando de aportes mensuales sobre una masa salarial gigantesca y de un proceso acumulativo que, con el paso de los años, puede conformar uno de los *pools* de capital institucional más importantes del mercado argentino. Ahí aparece, a mi entender, la segunda gran dimensión del FAL.
Del problema laboral al ahorro de largo plazo
La Argentina tiene un problema histórico con el ahorro. No necesariamente porque los argentinos no ahorren. Ahorran. El problema es que durante décadas una parte importante de ese ahorro terminó fuera del sistema financiero local, dolarizado, inmovilizado o directamente fuera del país.

Los países que lograron desarrollar mercados de capitales profundos cuentan con grandes inversores institucionales capaces de canalizar ahorro hacia empresas, crédito, infraestructura y proyectos productivos.
Fondos de pensión, compañías de seguros, fondos de inversión y otros vehículos institucionales cumplen ese papel en distintas economías del mundo. La Argentina perdió buena parte de esa profundidad. El FAL puede contribuir a reconstruirla.
La CNV habilitó dos grandes vehículos para administrar estos recursos: Fondos Comunes de Inversión Abiertos destinados al FAL y Fideicomisos Financieros FAL.
La CNV habilitó dos grandes vehículos para administrar estos recursos: Fondos Comunes de Inversión Abiertos destinados al FAL y Fideicomisos Financieros FAL
El sistema incorpora además una característica fundamental: competencia.
- Cada empleador puede elegir la entidad habilitada y el vehículo en el que se administrarán sus recursos.
- El régimen contempla portabilidad entre vehículos y administradores y,
- cuando una empresa no realiza la elección correspondiente, existe un mecanismo de asignación de oficio.
Eso debería generar algo saludable: administradores compitiendo por ofrecer mejores rendimientos, mejor servicio, menores costos y mayor transparencia. Y la transparencia será particularmente importante.

La reglamentación establece una Ficha FAL mensual, que deberá mostrar, entre otras cosas, el patrimonio del vehículo, la composición de su cartera, sus principales inversiones y su rendimiento histórico neto de honorarios.
Las empresas podrán comparar. Y cuando los clientes pueden comparar, los administradores tienen que competir.
El destino del dinero y su impacto en el mercado de capitales
Este es probablemente el punto más interesante desde la perspectiva del mercado de capitales.
La regulación establece criterios de seguridad, liquidez, diversificación, transparencia y preservación del capital. No podría ser de otra manera: estos recursos tienen una finalidad concreta y deben estar disponibles cuando sean necesarios. Pero dentro de esos límites hay una oportunidad concreta.
La regulación establece criterios de seguridad, liquidez, diversificación, transparencia y preservación del capital
Una porción creciente del ahorro generado por el empleo formal podrá transformarse en demanda de instrumentos financieros argentinos.
Títulos públicos, obligaciones negociables, instrumentos ajustables, vehículos de inversión y otros activos elegibles pasarán a tener un nuevo comprador institucional.
Eso puede parecer una cuestión técnica, pero tiene consecuencias económicas muy concretas.
Un mercado de capitales necesita dos cosas:
- empresas y proyectos que busquen financiamiento, y
- ahorro dispuesto a financiarlos.
La Argentina tuvo históricamente dificultades en ambos frentes, pero especialmente en el segundo.
Cuando aparece ahorro institucional recurrente, las empresas pueden:
- Financiarse a plazos mayores.
- Emitir más obligaciones negociables.
- Estructurar proyectos de infraestructura.
- Desarrollar crédito de largo plazo.
- Reducir progresivamente la dependencia del financiamiento bancario o del capital propio.
El efecto acumulativo de los aportes mensuales
Hay además un efecto acumulativo de peso:
- Los aportes ingresan todos los meses.
- Los recursos se invierten.
- Las inversiones generan rendimiento.
- Ese rendimiento se reinvierte.
- Nuevos aportes vuelven a ingresar al mes siguiente.
En los primeros años, el patrimonio del sistema debería crecer principalmente por las contribuciones. Con el tiempo, el rendimiento del propio capital puede convertirse en una fuente adicional cada vez más importante.

Eso transforma al FAL en algo conceptualmente diferente de una simple cuenta destinada a pagar indemnizaciones. Es un sistema de capitalización.
Naturalmente, también habrá egresos para cumplir con las obligaciones laborales previstas por la ley. El desafío de los administradores será justamente manejar correctamente esa relación entre liquidez, riesgo y rentabilidad. Pero si el empleo formal argentino crece, también crecerá estructuralmente la base de aportantes.
Por eso existe otro efecto virtuoso posible: el FAL alinea el crecimiento del mercado de capitales con el crecimiento del empleo registrado. Más empleo formal significa más aportes. Más aportes significan más ahorro institucional. Y más ahorro institucional significa mayor capacidad de financiamiento para la economía.
La supervisión como condición del sistema
No hay que cometer el error de pensar que la creación de estos vehículos garantiza automáticamente buenos resultados. Administrar recursos vinculados a obligaciones laborales implica una enorme responsabilidad.
El FAL alinea el crecimiento del mercado de capitales con el crecimiento del empleo registrado
La competencia deberá estar acompañada por supervisión, transparencia y profesionalismo. La búsqueda de rentabilidad nunca puede hacer perder de vista la preservación del capital y la liquidez que requiere la naturaleza del fondo.
Pero precisamente por eso me parece acertado que el sistema se haya estructurado dentro del mercado de capitales y bajo supervisión de la CNV.
La infraestructura ya existe. Existen sociedades gerentes, fiduciarios, depositarias, agentes, mercados y sistemas de custodia. Existe regulación. Existe experiencia profesional administrando activos. Ahora esa infraestructura tendrá una nueva función.
Un nuevo inversor institucional de largo plazo
La Argentina necesita inversión para crecer. Necesita rutas, energía, viviendas, tecnología, fábricas y empresas capaces de competir internacionalmente. Pero antes de la inversión tiene que existir el ahorro.
Y antes del crédito de largo plazo tiene que existir alguien dispuesto a prestar a largo plazo. Por eso el verdadero impacto del FAL recién podrá dimensionarse dentro de algunos años.
Hoy lo analizamos principalmente como una herramienta vinculada al mercado laboral. Es lógico: para eso fue creado. Pero si el sistema alcanza escala, funciona con transparencia, genera competencia entre administradores y obtiene buenos resultados, podemos estar asistiendo al nacimiento de un nuevo gran inversor institucional argentino:
- Uno que recibirá recursos todos los meses.
- Uno cuyo patrimonio podrá crecer junto con el empleo formal.
- Y uno que puede ayudar a transformar ahorro argentino en financiamiento para la economía argentina.
En un país que durante décadas expulsó su ahorro, conseguir que una parte de ese capital vuelva a financiar su propio crecimiento no sería un detalle financiero. Sería un cambio estructural.
El autor es CEO del Grupo IEB
