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Irlanda vs. Israel: un partido escondido entre molinos antiguos y lagos termales

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Víctor Emilio Peña1 de octubre de 2026
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Irlanda vs. Israel: un partido escondido entre molinos antiguos y lagos termales

La UEFA está bajo shock por el caso que podría quitar títulos, puntos y hasta descenso de categoría en la Premier League del multicampeón Manchester City, la impunidad del megamillonario patrón árabe finalmente castigada. Y la FIFA sigue demasiado ocupada asegurando la continuidad del presidente Gia

La UEFA está bajo shock por el caso que podría quitar títulos, puntos y hasta descenso de categoría en la Premier League del multicampeón Manchester City, la impunidad del megamillonario patrón árabe finalmente castigada. Y la FIFA sigue demasiado ocupada asegurando la continuidad del presidente Gianni Infantino. Así las cosas, al fútbol no le importó que la responsabilidad recayera sobre jugadores de veintitantos años. Bajo amenaza de sanciones, la selección irlandesa votó y decidió salir entonces a la cancha.

Lo hizo a su modo: vistió brazaletes negros, bajó sus cabezas cuando sonó el himno rival, no intercambió saludos y ganó 3-0. Su TV pública no envió relator ni comentarista. No emitió publicidad. Los pubs de Dublin apagaron televisores. El partido ante Israel, su rival incómodo, por la Liga de Naciones de Europa, se jugó el último domingo en Debrecen, Hungría. La revancha será este domingo a puertas cerradas en un estadio para 4.500 personas en Backa Topola, un pacífico enclave húngaro en Serbia, pueblo agrícola de 12.000 habitantes, molinos antiguos y lagos termales. Cuanto más escondido mejor.

La UEFA, que acoge desde 1991 a Israel (echado en 1974 de la Confederación Asiática), no abrió expediente contra supuestos coros de “simio” cuando el jugador irlandés Adam Idah pasó cerca de la tribuna. Argumentó que el árbitro alemán Harms Osmers no escuchó nada y que el volante irlandés Jayson Molumby omitió pronunciar la palabra “racismo”, como exige el protocolo. Nada tampoco sobre otros coros y videos viralizados ensalzando a las FDI (las fuerzas armadas israelíes).

El volante irlandés Jason Knight dijo que el partido no debía jugarse. Su compañero Gavin Buzunu, arquero suplente, renunció a hacerlo. “Matar inocentes”, dijo, “está mal”. Activistas de “Stop the game” (Paren el partido) invadieron la concentración de la selección en Castlenock. Más de 160 deportistas irlandeses se unieron al reclamo. “No estamos jugando con el genocidio, estamos jugando contra el genocidio”, dijo el DT del equipo, el islandés Heimir Hallgrimsson. Los rivales de Israel (que por seguridad actúa como local en Hungría) juegan sus partidos a puertas cerradas o mudando localía a otros países para evitar protestas de su gente. En Irlanda fueron más allá. Reclamaron boicot.

Heimir Hallgrimsson, el DT de la selección de Irlanda que objetó el duelo contra Israel

Irlanda es el país europeo más duro contra Israel. Reconoció al Estado Palestino, acompañó la denuncia de “genocidio” presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya y saludó el dictamen fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) que pidió orden de arresto contra el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, por “crímenes de guerra”.

Según historiadores, Irlanda ve en Palestina su propia historia de “siglos de ocupación británica, opresión y hambruna”. Muros en las calles de Dublin, artistas e intelectuales comprometidos. Y duras críticas a la Federación irlandesa de fútbol, que hace unos meses pidió sin éxito a la UEFA la suspensión de Israel por violar reglamentos. La Federación ahora es acusada de “ignorar la voluntad del pueblo irlandés y traicionar a Palestina”.

Niños palestinos desplazados juegan con una pelota frente a una tienda de campaña en Gaza, el 31 de agosto de 2026. (Foto de Omar AL-QATTAA / AFP)

“Yo acepté jugar contra la Sudáfrica del apartheid en 1981 y pasé el resto de mi vida arrepentido”, dijo el ex medio scrum de la selección irlandesa de rugby, John Robbie. Aconsejó a los jugadores de la selección que se informen. Que comiencen buscando en Google la palabra “Nakba”. Se refirió a la violenta expulsión de unos 700.000 palestinos en 1948 que Israel aún hoy niega y define como huida “voluntaria”, en medio de la Guerra de la Independencia. El diario Haaretz, de Tel Aviv, publicó en marzo pasado documentos oficiales que desnudan decenas de masacres, fusilamientos hasta de bebés, pueblos enteros arrasados, ordenes de aniquilamiento.

“¿Cómo se expulsa a un pueblo? Se le corta la oreja a uno de los árabes delante de todos, y todos huyen”, dijo Maxim Cohen, comandante de la Brigada Carmeli. “La orden era fusilar a uno de cada diez”, añadió el comandante Yitzhak Broshi. “Sembrar el terror” para provocar la expulsión. Son testimonios de oficiales que defendieron a un colega juzgado porque masacró con sus propias manos a decenas de árabes. Sus compañeros dijeron que actuó respondiendo a órdenes de los superiores. El desastre en la región -en rigor, un conflicto de siglos- comenzó por supuesto mucho antes del 7 de octubre de 2023, cuando Hamás masacró a casi 1.200 israelíes y secuestró a otros 251.

Los futbolistas de Irlanda decidieron hacer una votación para confirmar la presencia en los partidos ante Israel por la Nations League

La réplica de más de 73 mil muertes (unos 20 mil niños), una ciudad devastada, desbordan, entre tanto desastre, el argumento de Israel de la simple “defensa”. O de “antisemitismo” (que existe, pero resulta difícil de aplicar cuando la denuncia del horror parte dentro del mismo país, como sucedió estos días con los amenazados autores de “NAZA”, el documental premiado en San Sebastián).

¿Y el fútbol? Hace unas semanas, después de tres años, Palestina volvió a jugarlo de modo organizado. En terrenos sobrevivientes rodeados de escombros en ciudades ocupadas, con equipos diezmados, disminuidos físicamente y bajo asedio de nuevos ataques. Juegan más de doscientos clubes de Cisjordania, Jerusalén, Líbano y Gaza, donde la copa abrió con el clásico Khadamat Rafah vs Shabab Rafah. El torneo homenajeó a los casi 570 futbolistas muertos, parte de los 1.003 atletas asesinados estos tres últimos años. Fue llamado “Copa de los Mil Mártires”. También jugó ayer la selección palestina en Turquía. El empate 2-2 ante Konyaspor se dio por terminado a los 89 minutos y 59 segundos, antes de cumplirse los 90 reglamentarios. “Este partido quedará suspendido”, dijo el tablero electrónico, “hasta que Palestina sea libre”.

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